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El arzobispado debería condenar los abusos contra manifestantes

(Human Rights Watch/IFEX) - Washington, DC, el 23 de marzo 2012 – El gobierno cubano debería poner fin inmediatamente a la represión destinada a silenciar las voces de disenso en el período previo a la visita del papa Benedicto XVI a Cuba y durante esta, señaló Human Rights Watch.

Disidentes de La Habana, Holguín, Guantánamo, Matanzas, Palma Soriano, Pinar del Río, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba describieron a Human Rights Watch las tácticas represivas que están siendo aplicadas por el gobierno cubano. Señalaron que cuando intentaron ejercer sus derechos básicos para denunciar la situación de los derechos humanos y organizar marchas durante las últimas semanas, las autoridades respondieron con golpizas, detenciones, persecución, amenazas y otras medidas abusivas. Está previsto que el papa Benedicto XVI viaje a Cuba del 26 al 28 de marzo para visitar La Habana y Santiago de Cuba.

“La detención, golpiza y amenaza de disidentes en vísperas de la visita del Papa sugiere que el gobierno cubano hará todo aquello que esté a su alcance para acallar cualquier expresión de disenso mientras la atención internacional esté puesta en la isla”, afirmó José Miguel Vivanco, director para las Américas de Human Rights Watch. “Estos actos de represión ponen en evidencia el escaso margen que existe en Cuba para la manifestación de opiniones que no estén alineadas con el gobierno de Castro”.

Miembros de las fuerzas de seguridad del Estado arrestaron y golpearon a 13 disidentes que fueron desalojados de una iglesia católica en La Habana, donde habían acudido para expresar su reclamo por el reconocimiento de los derechos humanos en Cuba. Representantes eclesiásticos pidieron a las autoridades gubernamentales que desalojaran a los disidentes, quienes contaron a Human Rights Watch que fueron amenazados por policías con la posibilidad de recibir prolongadas penas de prisión.

Más de 80 miembros de las Damas de Blanco, una organización de derechos humanos integrada por esposas, madres e hijas de presos políticos, fueron detenidas cuando intentaban efectuar una marcha para conmemorar el aniversario de la Primavera Negra. Durante esta ola represiva que tuvo lugar en marzo de 2003, el gobierno aplicó una serie de leyes draconianas para condenar a un promedio de 19 años de prisión a más de 75 periodistas independientes, defensores de derechos humanos, sindicalistas y otros disidentes por ejercer sus derechos fundamentales.

Una de las damas afirmó haber quedado detenida durante más de cuatro horas con otras 21 mujeres en una celda tan minúscula que debieron permanecer de pie. Según señaló, fueron detenidas por participar en una manifestación pacífica y, tras ser golpeadas por policías uniformados y otras personas vestidas de civil, fueron trasladadas a la estación de policía.

Diversos disidentes en Cuba dijeron a Human Rights Watch que la represión, la vigilancia y las amenazas del gobierno se han intensificado ante la proximidad de la visita del Papa. Varias de las personas entrevistadas señalaron a Human Rights Watch que se les había negado el permiso para viajar fuera de las ciudades donde residían, y que se les advirtió en forma expresa que recibirían severas sanciones si intentaban realizar actividades “contrarrevolucionarias” durante la visita del Papa.

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