REGIONES:

SUBSCRIBE:

Sign up for weekly updates

Acuerdo de "Visa Waiver" significa intercambio de datos personales entre Chile y EE.UU.

La tra­mi­ta­ción del lla­ma­do “acuer­do de Visa Wai­ver” en la Cá­ma­ra de Dipu­tados ha ge­ne­ra­do po­lé­mi­ca por la crí­ti­ca pú­bli­ca hecha por un grupo de par­la­men­ta­rios y su re­cha­zo a apro­bar­lo. Quie­nes lo apo­yan acu­san prejui­cios, des­in­for­ma­ción y ase­gu­ran que no hay ries­go. Sin em­bar­go, las dudas están lejos de ser des­pe­ja­das.

El mundo po­lí­ti­co chi­leno se ha di­vi­di­do ante la even­tual apro­ba­ción de un acuer­do de coope­ra­ción con Es­ta­dos Uni­dos, que con­sis­te en el in­ter­cam­bio de in­for­ma­ción para la pre­ven­ción e in­ves­ti­ga­ción de de­li­tos gra­ves, ya fir­ma­do por el Go­bierno de Se­bas­tián Pi­ñe­ra.

Pero ante la le­gí­ti­ma preo­cu­pa­ción por un nuevo con­jun­to de re­glas que per­mi­te el trá­fi­co in­ter­na­cio­nal de datos per­so­na­les, sin antes es­ta­ble­cer res­guar­dos ade­cua­dos a los mis­mos, pa­re­ce ne­ce­sa­rio re­cor­dar, una vez más, por qué acep­tar estas con­di­cio­nes es ries­go­so para los de­re­chos de las per­so­nas.

ACUER­DOS Y LEYES
El pro­gra­ma Visa Wai­ver co­men­zó a fun­cio­nar el 31 de marzo pa­sa­do y per­mi­te via­jar a Es­ta­dos Uni­dos con un trá­mi­te de visa ex­pe­di­to. Pese a que buena parte de los re­qui­si­tos que im­po­ne el go­bierno es­ta­dou­ni­den­se se en­cuen­tran cum­pli­dos, uno de ellos, el Acuer­do en Ma­te­ria de In­cre­men­to de la Coope­ra­ción en la Pre­ven­ción y Com­ba­te del De­li­to Grave, no ha sido apro­ba­do por el Con­gre­so Na­cio­nal, des­pués de ser ne­go­cia­do y fir­ma­do.

El acuer­do no es un tra­ta­do bi­la­te­ral que fun­cio­ne en el vacío, ni cons­ti­tu­ye por sí solo un acuer­do de Visa Waiver. El acuer­do sien­ta las bases para el in­ter­cam­bio de in­for­ma­ción de per­so­nas que hayan sido iden­ti­fi­ca­das en la in­ves­ti­ga­ción de de­li­tos gra­ves, cuan­do se sos­pe­che que al­guien ha co­me­ti­do o, como dice el texto del acuer­do, “po­dría co­me­ter” de­li­tos gra­ves o actos te­rro­ris­tas.

Desde el punto de vista legal, para hacer ope­ra­ti­vo ese in­ter­cam­bio de datos, se re­quie­re ha­bi­li­tar la en­tre­ga por parte de los ór­ga­nos del Es­ta­do que los reúnen y ma­ne­ja. Con este fin, junto con so­me­ter el acuer­do a la tra­mi­ta­ción del Con­gre­so, el Go­bierno an­te­rior in­tro­du­jo un pro­yec­to de ley que “fa­ci­li­ta” el in­ter­cam­bio de datos per­so­na­les. En­ton­ces, no so­la­men­te te­ne­mos un pro­gra­ma en plena vi­gen­cia, sino tam­bién un acuer­do pendiente de apro­bar y mo­di­fi­ca­cio­nes le­ga­les en tra­mi­ta­ción para im­ple­men­tar dicho acuer­do.

¿UN ACUER­DO INO­CUO?
Se ha plan­tea­do el ab­sur­do ar­gu­men­to de que exis­ten com­po­nen­tes ideo­ló­gi­cos en los cues­tio­na­mien­tos al acuer­do de in­ter­cam­bio de datos. Lo cier­to es que tanto desde la aca­de­mia como desde la so­cie­dad civil, la preo­cu­pa­ción por la pri­va­ci­dad y por la pro­tec­ción de los datos per­so­na­les en Chile ha sido cons­tan­te y transver­sal desde hace mucho. Na­tu­ral­men­te exis­te cier­ta des­con­fian­za im­plí­ci­ta luego de las re­ve­la­cio­nes de Ed­ward Snow­den res­pec­to de la NSA —que su­pu­so reac­cio­nes di­plo­má­ti­cas en Ale­ma­nia y Bra­sil, mas si­len­cio en Chi­le-, pero esto dista de ser una crí­ti­ca po­lí­ti­ca “ideo­ló­gi­ca”, sino una preo­cu­pa­ción por el res­pe­to de los dere­chos fun­da­men­ta­les.

Otras voces en el Con­gre­so acu­san que el tra­ta­do es inofen­si­vo y los cues­tio­na­mien­tos in­fun­da­dos, pues no habría nada de “irre­gu­lar” en esta clase de acuer­dos. Pero eso es des­aten­der al cuer­po mismo del acuer­do. ¿Por qué se niega abier­ta­men­te que el acuer­do in­clu­ya temas que sí abor­da, como el tra­ta­mien­to au­to­ma­ti­za­do de per­fi­les de ADN? ¿Por qué no se han pues­to bajo cues­tio­na­mien­to as­pec­tos bá­si­cos del acuer­do, como la débil de­fi­ni­ción de un de­li­to grave o la ope­ra­ción del acuer­do con fines de “pre­ven­ción”, sin que en el acuer­do mismo se vi­sua­li­ce un lí­mi­te más claro que la “ame­na­za grave a (la) se­gu­ri­dad pú­bli­ca”?

EL EX­CLU­SI­VO CLUB DEL VISA WAI­VER
Es in­tere­san­te con­sig­nar que Chile no es el pri­mer país en La­ti­noa­mé­ri­ca (ex­cep­tuan­do a Mé­xi­co, país fron­te­ri­zo con EE. UU.) que se une al pro­gra­ma Visa Wai­ver. Sí es el único en que el pro­gra­ma está vi­gen­te, des­pués de haber re­gi­do para Ar­gen­ti­na y Uru­guay, casos en que Es­ta­dos Uni­dos acusó abuso del be­ne­fi­cio y lo re­vo­có.

El em­ba­ja­dor de EE. UU. en Chile, Mi­chael Ham­mer, ha de­cla­ra­do pú­bli­ca­men­te que los otros 37 paí­ses que son parte del pro­gra­ma Visa Wai­ver han cum­pli­do o cum­pli­rán a fu­tu­ro con re­qui­si­tos como la firma del acuer­do de in­ter­cam­bio de in­for­ma­ción, si­guien­do una po­lí­ti­ca ins­tau­ra­da en el año 2007. Ser parte de ese club, en consecuen­cia, sig­ni­fi­ca­ría fir­mar el acuer­do aun si el tra­ta­mien­to de la in­for­ma­ción ca­re­ce de re­glas in­ter­nas que ase­gu­ren su pro­tec­ción.

Se ha pues­to como ejem­plo a los nu­me­ro­sos paí­ses de la Unión Eu­ro­pea que están den­tro del pro­gra­ma. Pero se ha omi­ti­do men­cio­nar tres cosas re­le­van­tes al res­pec­to. La pri­me­ra, es la ope­ra­ción del con­ve­nio in­clu­so sin la firma de un acuer­do si­mi­lar, como ocu­rre con el Reino Unido. La se­gun­da, los altos es­tán­da­res que man­tie­ne la Unión Eu­ro­pea en ma­te­ria de pro­tec­ción de datos desde hace dé­ca­das, exis­tien­do una bre­cha inconmensurable en el nivel de pro­tec­ción entre la UE y Chile, que está lejos de im­ple­men­tar un nivel de protección su­fi­cien­te para per­mi­tir el in­ter­cam­bio de datos per­so­na­les entre la Unión y nues­tro país. ¿Es razonable es­pe­rar que se firme un acuer­do de in­ter­cam­bio de datos a un nivel más bajo de pro­tec­ción?

Tam­bién se ha omi­ti­do men­cio­nar que acuer­dos bi­la­te­ra­les de esta na­tu­ra­le­za ya han sido ob­je­to de crí­ti­cas por parte de la Co­mi­sión Eu­ro­pea, res­pec­to de los paí­ses de la UE que han sus­cri­to con­ve­nios si­mi­la­res, sin considerar un es­tán­dar eu­ro­peo en la ma­te­ria; exi­gien­do, ade­más, el le­van­ta­mien­to de re­qui­si­tos de visa para todos los paí­ses de la Unión en aras de la re­ci­pro­ci­dad.

SIN PRO­TEC­CIÓN AQUÍ, SIN PRO­TEC­CIÓN ALLÁ
El can­ci­ller He­ral­do Muñoz de­cla­ró que, en el marco del acuer­do, se va a “sal­va­guar­dar la pri­va­ci­dad de todos los chi­le­nos, la in­for­ma­ción que co­rres­pon­da, de acuer­do a la le­gis­la­ción in­ter­na”. El pro­ble­ma es la de­bi­li­dad de esa le­gis­la­ción in­ter­na. Como hemos in­di­ca­do en nu­me­ro­sas oca­sio­nes, la le­gis­la­ción chi­le­na está muy lejos de cum­plir con es­tán­dar in­ter­na­cio­nal al­guno de pro­tec­ción de datos per­so­na­les.

Pero la ley chi­le­na no es el único pro­ble­ma. Tam­bién lo es la ley en los Es­ta­dos Uni­dos, que tiene res­guar­dos me­no­res a los vi­gen­tes en Eu­ro­pa; ade­más, la Pri­vacy Act de 1974 es apli­ca­ble a sus ciu­da­da­nos y re­si­den­tes, y no igual­men­te para ex­tran­je­ros no re­si­den­tes. En los he­chos, esto ha ser­vi­do al go­bierno fe­de­ral para hacer y des­ha­cer a su ar­bi­trio con los datos de ex­tran­je­ros no re­si­den­tes.

Las con­se­cuen­cias son po­ten­cial­men­te ne­fas­tas. Se han re­por­ta­do casos de per­so­nas que han sido pues­tas en lis­tas que im­pi­den via­jar en avión (“no fly list”) o han sido ob­je­to de apre­mios y tor­tu­ras, ba­sa­das en sos­pe­chas y en datos erra­dos. La ca­li­dad de los datos, in­clui­da su pre­ci­sión y su ac­tua­li­dad, es un as­pec­to que la ley chilena es in­ca­paz de ase­gu­rar.

¿Son esos los ries­gos que bus­ca­mos que asu­man todos los chi­le­nos, en be­ne­fi­cio del ba­jí­si­mo por­cen­ta­je que puede via­jar a Es­ta­dos Uni­dos? ¿Por qué el acuer­do no in­clu­yó un com­pro­mi­so más allá de la in­ten­ción po­lí­ti­ca, que sig­ni­fi­que re­glas cla­ras, ex­plí­ci­tas, de rango legal, en ambos paí­ses? Fi­nal­men­te, ¿qué nos obli­ga a acep­tar un acuer­do de in­ter­cam­bio de datos per­so­na­les, sin antes ase­gu­rar un sis­te­ma de pro­tec­ción de esos datos?

¿VALE LA PENA FIR­MAR ASÍ?
Más allá de la con­tin­gen­cia de las re­la­cio­nes in­ter­na­cio­na­les de Chile, cabe pre­gun­tar­se por qué ma­te­rias con este nivel de sen­si­bi­li­dad son ais­la­das de un de­ba­te pú­bli­co am­plio e in­for­ma­do. No so­la­men­te por la firma de uno u otro acuer­do, sino, en ge­ne­ral, de la con­for­ma­ción de un sis­te­ma na­cio­nal acor­de a los in­tere­ses le­gí­ti­mos sobre el con­trol de los datos per­so­na­les. Es la­men­ta­ble que la agen­da pú­bli­ca se de­di­que a un tema re­la­cio­na­do con datos per­so­na­les, pero solo con el pro­pó­si­to de lo­grar ven­ta­jas po­lí­ti­cas even­tua­les, en lugar de bus­car un es­tán­dar más ele­va­do de los de­re­chos de las per­so­nas.

La ne­go­cia­ción de acuer­dos entre paí­ses por parte de Chile ha es­ta­do acom­pa­ña­da de una opa­ci­dad vergonzosa, mien­tras buena parte de la elite po­lí­ti­ca in­sis­te en pedir con­fian­za ciega, sin ga­ran­tías institucionales mínimas de res­pe­to a de­re­chos fun­da­men­ta­les y sin un com­pro­mi­so serio por que esas ga­ran­tías exis­tan a fu­tu­ro. No basta con con­fiar en la pa­la­bra de las au­to­ri­da­des, sino el ase­gu­ra­mien­to de de­re­chos, de forma ex­plí­ci­ta, en nor­mas le­ga­les. Nin­gún pro­gra­ma que be­ne­fi­cie a unos pocos me­re­ce poner en juego los dere­chos de todos.

Último tweet:

Regional journalists call for job safety for #PapuaNewGuinea media - IFEX https://t.co/qRdDxh5bSZ @globalfreemedia @INSInews @ifjasiapacific