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Plan de Acción de las Naciones Unidas sobre la seguridad de los periodistas y la impunidad

La ONU pasa de las palabras a la acción con su plan que prioriza la seguridad de los periodistas y la lucha contra la impunidad

El Plan de Acción de las Naciones Unidas tiene como objetivo mejorar los apoyos de seguridad práctica para periodistas en riesgo
El Plan de Acción de las Naciones Unidas tiene como objetivo mejorar los apoyos de seguridad práctica para periodistas en riesgo

REUTERS

¿Podría, finalmente, llegar a su fin? Me refiero a la farsa miserable y repetitiva mediante la cual los líderes de docenas de Estados miembros de la ONU afirman frecuentemente y fuertemente su compromiso con la libertad de prensa - y luego encarcelan, intimidan o eliminan periodistas y disidentes, para encubrir la corrupción y el abuso de poder y para silenciar cualquier crítica.

Es demasiado pronto para estar seguros. Pero la gente y los políticos deben ser conscientes de que la ONU está dando prioridad a la seguridad de los periodistas y a la lucha contra la impunidad - es decir, el patrón, confirmado por sombrías estadísticas, en las que se mata a los trabajadores de los medios de comunicación, y en las que en nueve casos de 10, los responsables escapan totalmente al sistema de justicia penal.

UNESCO, la agencia principal para esta iniciativa de las Naciones Unidas, cree que el Plan de Acción de la ONU sobre la seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad podría constituir un cambio en las reglas de juego.

¿Por qué los periodistas merecen una protección especial cuando existen tantas formas de injusticia? No es porque los periodistas sean santos, pero porque la libertad de prensa y la libertad de expresión son esenciales para la construcción de sociedades justas en las que las personas tienen una voz real acerca de cómo viven sus vidas, y la forma en que son gobernadas.

La urgencia se debe al creciente número de muertos y a la descomposición evidente del estado de derecho que han hecho que el periodismo, en muchos lugares, sea la profesión más peligrosa. Los asesinatos de Anna Politkovskaya (Rusia, 2006), Hrant Dink (Turquía, 2007), Lasantha Wickrematunge (Sri Lanka, 2009) y Marie Colvin (Siria, 2012) siguieron todos el mismo patrón: todos eran periodistas que arriesgaron sus vidas para exponer graves violaciones de los derechos humanos e injusticias, todos fueron asesinados para silenciar una voz crítica, y después de sus muertes, los responsables no debieron rendir cuentas.

El 23 de noviembre de 2009 un terrible incidente trajo a casa el efecto corrosivo de la impunidad fomentando la anarquía en lugares donde los derechos básicos han sido negados por la violencia. Treinta y dos periodistas y trabajadores de medios estuvieron entre las más de 50 personas que murieron ese día en Maguindanao, provincia de Filipinas. Luego, las autoridades no montaron ninguna investigación creíble. Aún no se ha hecho justicia.

El año pasado, el 23 de noviembre fue elegido por los miembros de IFEX, la red mundial para la libertad de expresión, como el Día mundial contra la Impunidad. El día estuvo marcado por campañas para poner fin a la impunidad en muchos países. Este año, tras la aprobación del Plan de Acción de la ONU sobre la seguridad de los periodistas por parte de la Junta de Jefes Ejecutivos del Sistema de las Naciones Unidas bajo el mandato de Ban Ki-moon, el 23 de noviembre es la fecha simbólica en que todas las agencias de la ONU y organismos interesados se reunirán en Viena para delinear la forma de aplicar el plan de la ONU para proteger la vida y el trabajo de los periodistas.

Muchos se muestran escépticos después de las decepciones pasadas. Muchas eran las esperanzas en el 2006, cuando el Consejo de Seguridad aprobó la Resolución 1738, que condenaba los ataques deliberados contra periodistas y otros civiles en zonas de conflicto, pero prácticamente nada cambió. Y las últimas estadísticas son alarmantes: con 95 periodistas asesinados en los primeros nueve meses del 2012, este año ya es uno de los peores de la historia.

Pero algo ha cambiado. De una pequeña semilla sembrada en un subgrupo de la UNESCO, un grupo de Estados comprometidos y organizaciones no gubernamentales han evadido tormentas diplomáticas e importantes resistencias para asegurar que este mes surja por fin el Plan de Acción de la ONU.

¿Qué sumará? El plan es una plantilla de muchos hilos que incluyen el desarrollo de normas adecuadas de ley y de orden público y mecanismos de protección física, darle una mayor prioridad a la libertad de prensa en los programas de los países de las Naciones Unidas y en las auditorías de los historiales de derechos humanos de los Estados, y mejorar los soportes prácticos de seguridad para los periodistas en riesgo. Su éxito o fracaso dependerá de lo que hagan con él Estados, organismos de las Naciones Unidas y medios de comunicación.

Un sentido de urgencia era evidente entre los medios de comunicación del mundo, en un simposio para los editores y periodistas realizado en Londres conjuntamente por la BBC y el Centro para la Libertad de los Medios, el 18 de octubre. Cuarenta organizaciones de noticias líderes acordaron enviar la "Declaración de Londres" para la conferencia de la ONU en Viena. Dicha declaración insta a que allí se tomen plenamente en cuenta las preocupaciones de los medios, y reclama que sean los propios periodistas que monitoreen las acciones de los gobiernos y los tribunales para detener los asesinatos de periodistas y poner fin a la impunidad.

A principios de este año, los medios de comunicación de Brasil mostraron cómo la vigilancia puede funcionar. Funcionarios brasileños criticaron el plan de la ONU en una reunión clave de la UNESCO, y una noticia breve sobre el episodio en TV Globo se difundió en todos los medios de comunicación del país. Pronto, el gobierno anunció su pleno apoyo al plan de la ONU y acordaron escuchar a los medios de comunicación y organizaciones no gubernamentales.

Luego, en septiembre, Brasil actuó como el principal patrocinador de la resolución sobre la seguridad de periodistas aprobada en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, el órgano de derechos humanos más importante. Era la prueba de que los medios deben ser parte de la solución frente a la amenaza de los ataques violentos contra los periodistas - porque el silencio es amigo de los dictadores, y la democracia se nutre de la libertad de prensa.

William Horsley es el Director Internacional del Centro para la Libertad de los Medios de la Universidad de Sheffield, Reino Unido.

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