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¿Son los hashtags palabras huecas para los derechos humanos, o una poderosa herramienta para el cambio?

Este símbolo del teclado, que estaba olvidado, está cambiando nuestro entorno cultural, tiene un importante rol en acontecimientos históricos significativos y destaca principalmente en el mundo de las campañas y la libre expresión

REUTERS/Susana Vera

El nacimiento de un ícono
El hashtag, o etiqueta, de los medios sociales, nació en agosto de 2007, y fue propuesto originalmente por el usuario Chris Messina como una manera de organizar el contenido de Twitter para “grupos”.

Ocho años han pasado y el hashtag es ubicuo en nuestra cultura. Los hashtags están esparcidos generosamente en los tuits y un vistazo a los temas que son tendencia cualquier día demuestra lo entrelazados que están en el léxico de la cultura moderna. Originalmente, quienes no usan Twitter lo consideraban complicado, una broma para tecnológicos sin ningún valor inmediato, pero el hashtag ha calado gradualmente en un mundo más amplio. Ahora es común y corriente ver hashtags en anuncios y en los principales programas; han sido adoptados (con discutible menor éxito) por el gigante de los medios sociales, Facebook. Pero lejos del mundo de la radiodifusión, hashtags como #xfactor, otros irremediablemente genéricos como #business [negocios] o irónicos, comento-sobre-mi-propio-tuit, hashtags como #justsaying [digo nomás], hay otro uso más influyente e interesante como herramienta para ayudar a que entidades de caridad y grupos de campaña difundan sus mensajes.

El enfoque caritativo
Adrian Cockle, gerente de innovación digital de WWF International, es claro al decir que los hashtags son un mecanismo importante para ayudar a las entidades de caridad a generar impulso para sus campañas. Sin embargo, usar hashtags de manera efectiva para hacer campañas no es sencillo. Explica que como organización global, en algún momento tendrá varias “iniciativas de prioridad alta y cientos de otros proyectos reposando debajo de ellos”. El desafío, por supuesto, es captar la atención de la gente, atrapar su aceptación y hacer que use y difunda el hashtag. De esta manera, el hashtag y su mensaje asociado difunden sus tentáculos por toda la red.

Una campaña particularmente exitosa de WWF pedía a la primera ministra de Tailandia que declarara ilegal el comercio de marfil en el país: “un pedido muy claro”, como lo llama Cockle. La campaña se inició en agosto de 2012 con el lema y hashtag #killthetrade [maten el comercio]. Seis meses después, WWF pudo atribuirse una victoria cuando a la primera ministra la fotografiaron aceptando una petición de WWF con más de medio millón de firmas como parte de su anuncio para prohibir la venta de productos de marfil en el país. ¿Es entonces el caso práctico perfecto para demostrar el poder de los hashtags para generar cambio? Tal vez, aunque es importante reconocer que con esta campaña, como suele suceder, los hashtags fueron solamente una parte de un programa de actividades mucho mayor.

En el caso de #killthetrade, el hashtag fue creado a la medida por WWF; algunas recomendaciones sugieren que quienes hacen las campañas deberían tratar de ir a cuestas de hashtags genéricos ya existentes. WWF usa un servidor de hashtags existentes relacionados con el medio ambiente y el cambio climático. Sin embargo, Cockle es claro en que este es un enfoque que suele ser infructuoso: “Es difícil, porque generalmente el espacio en el que estamos y el tipo de hashtags al que damos seguimiento los usan tanta gente que en realidad hacer algo útil con eso, pues, es como tomar agua de una manguera para incendios”.

El poder y desafío de la libre expresión
Por supuesto, mientras las entidades de caridad pueden planear y ejecutar campañas con hashtags de manera estructurada, los hashtags de campaña con perfil más destacado a menudo son los que se dan de manera más orgánica. En diciembre de 2010, un vendedor ambulante en Túnez se inmoló en protesta contra el trato que le dieron las autoridades. Según quienes lo conocieron, los agentes de policía locales lo habían estado acosando durante años; con frecuencia confiscaron su mercadería y hostigaban.

Su autoinmolación no fue informada inmediatamente por los medios tradicionales, pero los usuarios locales de Twitter, indignados por lo que ocurrió, iniciaron una campaña en Twitter usando el hashtag #sidibouzid (la zona donde el incidente había ocurrido). Se esparció rápidamente en línea y ayudó a avivar furiosos disturbios en todo el país que terminaron en la deserción del primer ministro tunecino. Existe un consenso general de que este fue el inicio de una ola de protestas en todo el Medio Oriente y el Norte de África, que se hicieron conocidas como la Primavera Árabe.

Un posterior análisis del hashtag #sidibouzid realizado por el científico Gilad Lotan mostró: “Al final del ciclo, el total de tuits que mencionaban a Túnez era superior a 196,000. El total de tuits que mencionaban #sidibouzid... era más de 103,000”. Unas semanas después en enero de 2011, los activistas emplearon el hashtag #Jan25 (25 de enero) para promover las manifestaciones masivas que iniciaron la revuelta en la plaza Tahrir.

Aunque de ninguna manera Twitter es la única plataforma en línea que ayuda a los manifestantes a movilizar un grupo –en los levantamientos en Egipto, también se usó Facebook ampliamente–es de muchas maneras una plataforma más adecuada para hacer campañas. Es intrínsecamente más abierta y pública que Facebook; es también más difícil de silenciar. En el periodo posterior a la protesta del 25 de enero, Egipto bloqueó Facebook y Twitter. Sin embargo, para el 31 de enero, los programadores de Twitter, conjuntamente con ingenieros de Google y una herramienta de reconocimiento de voz llamada SayNow, lanzaron Speak2Tweet que permitía llamar a un número internacional y dejar un mensaje que luego se convertiría en un tuit. En el anuncio oficial, Google dijo: “Esperamos que esto contribuya en ayudar a que la gente en Egipto esté conectada en este momento tan difícil”.

Como empresa, Twitter siempre ha estado sumamente orgulloso de la manera en que su plataforma apoya la libre expresión. Es un tema en el que ha declarado públicamente su posición. Pero su enfoque de no intervención relacionado con la libre expresión fue puesto a prueba a comienzos de 2013, cuando el gobierno francés reprendió a Twitter por no lograr retirar tuits que contenían hashtags que, según sostenían, eran contrarios a las leyes francesas sobre discurso de odio. Fue un asunto difícil que reveló un enfrentamiento entre dos sistemas legales, el francés y el estadounidense, y también un asunto más difícil y flexible sobre libre expresión.

Al final, Twitter accedió a los pedidos de las autoridades francesas y entregó la información necesaria para ayudar a la policía francesa a identificar a quienes estaban detrás de los tuits. Pero muchos en los medios estadounidenses no vieron esto de manera favorable, con algunos abogados estadounidenses que sostenían que Twitter debió luchar con más fuerza con el gobierno francés.

Retuitea para mostrar tu apoyo
De vez en cuando, un hashtag inundará Twitter y generará una enorme ola de apoyo público. En abril de 2014, el secuestro de 270 niñas en Nigeria tuvo como resultado uno de las campañas con hashtag más destacadas hasta el momento; miles de usuarios de Twitter utilizaron #bringbackourgirls [devuelvan a nuestras niñas], incluidas celebridades, líderes y políticos influyentes. Luego se le criticó por ser un ejemplo de hashtag que anima las campañas de sillón, a veces llamado “activismo pasivo” o “clictivismo”. Es un punto fácil de establecer - ¿de qué se trataban realmente todos esos hashtags retuiteados cuando las niñas seguían en cautiverio? Pero otros comentaristas sostienen que esta conclusión es demasiado simplista y deja de lado un aspecto más amplio, más importante sobre el valor de #bringbackourgirls.

Como sostiene Chitra Nagarajan en este artículo para The Guardian: “El infatigable movimiento Bring Back Our Girls (Devuélvannos a nuestras niñas) sigue realizando protestas… Esta campaña ha tenido éxito en destacar las dificultades de las niñas secuestradas, y aunque todavía no ha llevado a su regreso a salvo, ha tenido un importante efecto en la política nigeriana. La inacción por parte del gobierno que se percibió tras los secuestros en Chibok no fue la única razón por la que los nigerianos votaron para que Goodluck Jonathan dejara el cargo el mes pasado, sino la inseguridad y violencia en el noreste fue uno de los principales factores que provocó que muchos votaran por un cambio.

“El movimiento Bring Back Our Girls fue fundamental para movilizar al país con protestas y conversaciones sobre los secuestros y, al hacerlo, ayudaron a sacar al presidente nigeriano del poder en la que será la primera transición democrática en la historia del país”.

Construyendo una comunidad
La noción de que una campaña de hashtag no necesita tener un resultado fijo para ser considerada un éxito la repite Katherine Sladden, directora de campañas en Change.org, “Las campañas como Bring Back Our Girls ayudan a alterar y generar sensibilidad ante una situación, pueden ayudar a provocar cambios antes que ser el catalizador absoluto de ese cambio”, dice. Señala el hecho de que como resultado de la campaña #bringbackourgirls, los líderes políticos en el Foro Económico Mundial fueron bombardeados con preguntas al respecto, llevando el asunto de quienes iniciaron la campaña en las bases en Nigeria al corazón de los agentes del poder político internacional.

Sladden también deja en claro que a menudo los beneficios de las campañas de hashtags y en línea no están solamente en los resultados inmediatos de esas campañas, sino en la manera en que la acción de hacer campaña ayuda a reunir a personas con ideas similares. “La mayoría de las personas comunes y corrientes no tienen columnas en periódicos, programas de televisión o lugares para expresar sus opiniones. Twitter y las campañas en línea son una manera fácil de organizarse en torno a una creencia compartida. Así es como debería ser. Se trata de crear comunidades para que la gente se sienta apoyada en su campaña o su problema”.

En Change.org se lanzan cientos de campañas todos los días que enfrentan problemas de todo calibre, desde las enormemente ambiciosas a las modestamente hiperlocales. Sladden ve rasgos comunes entre las campañas que adquieren adherencia y que no tienen nada que ver con ninguna influencia existente de las personas detrás de la campaña.

“Las campañas que destacan y se hacen populares por lo general tienen dos cosas en común. En primer lugar, tienen una historia personal detrás; esto ayuda a la gente a tener una conexión personal con una campaña. En segundo lugar, la campaña suele tener un pedido claro, así con la campaña de billetes de Caroline Criado-Perez, el hashtag #womanonabanknote [billete de mujer], aunque abordaba un problema, tenía en su interior un resultado deseado muy simple”.

Cualesquiera sean las críticas dirigidas al clictivismo, no hay duda de que los hashtags están teniendo un impacto significativo en nuestro entorno cultural. Hace menos de diez años, este pequeño símbolo que no significaba nada para muchos, ahora juega un importante rol en significativos acontecimientos históricos y ayuda a quienes hacen las campañas que vienen de ambientes muy diferentes para movilizar apoyo. Tal vez lo más interesante está en cómo cambia y se adapta para convertirse en una herramienta diferente en diferentes situaciones. Es claro que, al menos en el futuro cercano, el hashtag seguirá destacando de manera destacada en el mundo de las campañas y la libre expresión.

Katie Moffatt es especialista en participación digital, instructor y escritora radicada en el Reino Unido.

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