REGIONES:

SUBSCRIBE:

Sign up for weekly updates

El día que la música murió en Malí

En el Día de la Libertad de la Música (3 de marzo) de este año, Freemuse, la organización internacional dedicada a la libertad de expresión para los músicos, rinde homenaje a los artistas de Malí. He aquí un extracto editado y condensado a partir de su amplio informe “Música, Cultura y conflicto en Malí” (Music, Culture and Conflict in Mali), sobre cómo era la escena de la música en el Norte bajo la ley islámica y la forma en que la capital Bamako, se vio afectada

La renombrada cantante maliense Khaira Arby (frente) dijo que tuvo que dejar su casa en Tombuctú cuando los militantes controlaban el Norte
La renombrada cantante maliense Khaira Arby (frente) dijo que tuvo que dejar su casa en Tombuctú cuando los militantes controlaban el Norte

En la ciudad de Gao al noreste de Malí, un grupo de adolescentes sentados alrededor de un radiocasetero estaba escuchando a Bob Marley. Una pick-up Landcruiser llevando a la policía islámica se acercó y los abordó. "Esta música es haram [prohibido por la ley islámica]", dijo uno de los hombres al mismo tiempo que sacó el cassette y lo aplastó con sus pies. "Escuchen esto en su lugar", les gritó, dándole a los fans del reggae una cinta de Cheikh Abderrahmane Soudais, el muy venerado cantor del Corán de Arabia Saudita.

Un grupo de al menos 30 mujeres se reunieron en la pista de tierra cerca de la pequeña ciudad norteña de Kidal, escuchando y tocando el tambor tindé. El ritmo del tindé da poder a la alegría comunal de las grandes fiestas y reuniones en las tierras Tuareg. Como mucha música tradicional Tuareg, es tocada únicamente por las mujeres. Pero a medida que los hombres se reunieron a su alrededor para ver, como siempre lo habían hecho hasta donde podían recordar, los milicianos con cintas negras y AK-47 del grupo rebelde Ansar ud-Dine entraron en la multitud, gritándole a los hombres que se mantuvieran alejados de las mujeres, y que todos volvieran a casa.

En un puesto de control en las afueras de Gao, un músico local takamba en su camino a una boda fue detenido y registrado por un miliciano de la MUJAO, rama de al-Qaeda. Takamba es el sonido de Gao, el estilo preferido de entretenimiento musical en bodas, bautizos y Tabeski. Es un estilo que también unifica al pueblo Tuareg y Songhai, a menudo en desacuerdo, ya que se realiza y es escuchado por los dos grupos étnicos. En el puesto de control, todos los instrumentos fueron sacados y apilados a un lado de la carretera: guitarras, laúdes teherdents, amplificadores, altavoces, calabazas. La pila se roció con gasolina y le prendieron fuego.

Estos son sólo algunos vistazos de la vida musical durante lo que fue la jurisdicción islámica más literal y brutal en el mundo. La música fue prohibida en el interior de gran parte de la región de esta nación de África occidental, por militantes vinculados a al-Qaeda que tomaron el poder tras un golpe de Estado militar que desestabilizó Malí en marzo pasado. Ellos controlaban el Norte del país hasta que las tropas francesas y africanas empezaron a destronarlos a principios de este año.

En agosto pasado, el portavoz de MUJAO Osama Ould Abdel Kader declaró: "Nosotros, los muyahidines de Gao, de Tombuctú y Kidal, prohibimos en adelante la emisión de cualquier tipo de música occidental en todas las radios de este territorio islámico. Esta prohibición entra en vigor a partir de hoy miércoles. No queremos la música de Satanás. En su lugar, habrá versos coránicos. La sharia exige esto. Lo que Dios ordena debe ser hecho."

La declaración era falsa: la música de cualquier tipo - no sólo "occidental" – ya había sido efectivamente prohibida en el Norte durante varios meses.

Los teléfonos móviles se convirtieron en una de las únicas maneras de escuchar música, pero estos también atrajeron la atención de la policía islámica. En Tombuctú, un adolescente informó que la tarjeta SIM de su teléfono fue confiscada por combatientes Ansar ud-Dine que habían oído el sonido del teléfono móvil tocando "música sin Dios" - una canción de la artista local Seckou Maiga.

Los militantes habían forzado incluso el fin del famoso Festival en el Desierto de este año, normalmente en Tombuctú, organizado por Manny Ansar. "El MUJAO puede existir", dijo Ansar, “pero no en este pueblo. Todo se transmite en Malí a través de la música, la poesía... Malí sin música es imposible. La vida no tendría sentido para la gente, porque la música es su realidad cotidiana. Es la única cosa que muchos tienen para distraerse y divertirse. Ellos no tienen televisión. Ellos no tienen Internet. Ellos no juegan al ajedrez. Ellos no juegan. La música es la única cosa que hace que vivir valga la pena."

Decenas de músicos se fueron al exilio, o huyeron hacia el Sur a la capital de Malí, Bamako, fuera de la zona controlada por los rebeldes. Pero allí enfrentaron problemas diferentes. La rebelión, el golpe militar y la toma del poder islamista en el Norte dieron una ráfaga de golpes a la escena musical de Bamako, que ya estaba golpeado por la piratería, la recesión y la tendencia de sustitución de música en vivo por DJs. Las luchas políticas y la agitación social privaron a muchas personas de todo deseo de salir y divertirse.

"La vida musical se ha detenido en Bamako", dijo el cantante y guitarrista Afel Bocoum. "Todo el mundo tiene miedo de ir a Malí ahora y son los turistas que hacen que los músicos toquen. Los Hoteles nos dan nuestro sustento. Pero nada de eso existe ya.”

"Sobre esa crisis hay otra crisis. Cada Bamakois tiene un familiar en el Norte, y ahora tienen la tarea de alimentar a esos familiares. Ellos ni siquiera saben de dónde van a sacar el dinero para cuidar de ellos. "

"La actividad musical se ha reducido en un 98 por ciento... ¡98 POR CIENTO!" fue el enfático lamento del músico Toumani Diabaté. "El golpe de Estado fue hace meses, pero no hemos tocado desde entonces, porque la gente no tiene cabeza para divertirse en este momento. Ellos no tienen el dinero. Están sufriendo... Hay falta de seguridad. Así que si usted no tiene el dinero y se siente inseguro, no va a salir de casa."

La mayoría de las personas que entrevisté sabían casos de músicos que cayeron por debajo del nivel de subsistencia y se ven obligados a pedir limosna o vender sus instrumentos. "Es dramático", dice el cantante Rokia Traore, "el número de artistas que llegaron y que no habían comido en tres días, que tienen niños que van a la escuela y que no habían sido capaces de comprar lo que necesitan, que están enfermos y no han sido capaces de financiar el tratamiento."

Un informe testimonial del estado de ánimo en Bamako durante la crisis de 2012, destaca la resistencia de la vida cotidiana en la capital y la forma en que se niegan a sucumbir al pánico y al miedo. Parece claro que, si bien la vida nocturna de Bamako puede ser resistente, incluso desafiante, ya no proporciona a los músicos locales un medio de vida.

Haga clic aquí para escuchar algo de música que los músicos de Malí difundieron de cara a la censura musical.

Este artículo que contiene capítulos editados escritos por Andy Morgan, fue publicado con el permiso de Freemuse. El informe completo, Música, Cultura y conflicto en Malí, fue publicado con relación al Día de la Libertad de Música, el 3 de marzo.

Último tweet:

"Facebook admitted removing a live video posted by anti-Dakota Access Pipeline activists in the USA. The video show… https://t.co/rtXcbR8ATq