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Falta de fondos a programa de protección a testigos alienta impunidad

Los periodistas siguen siendo baleados en Filipinas y los testigos se hacen de la vista gorda debido al temor de represalias, dicen nuevos informes del Committee to Protect Journalists (Comité por la Protección de los Periodistas, CPJ) y el Center for Media Freedom and Responsibility (Centro por la Libertad y Responsabilidad de los Medios, CMFR) de Manila.

El informe del CPJ "Under Oath, Under Threat" (Bajo juramento, bajo amenaza) explica que una cultura de la impunidad continúa, en parte porque el programa de protección a testigos del Gobierno carece de fondos suficientes y adolece de fallas.

Según el CPJ, hay un patrón perturbador en las Filipinas: "Un periodista es baleado y muerto; la policía local manipula la evidencia para proteger a personas influyentes acusadas en el crimen"; Los testigos potenciales son intimidados, comprados o asesinados para que nunca comparezcan ante el tribunal; la defensa emplea tácticas de estancamiento para quebrantar la voluntad de los testigos restantes; El caso queda sin resolver y la cultura de la impunidad se refuerza".

En agosto de 2008, Dennis Cuesta, un reportero de 38 años para Radio Mindanao, murió después de ser rociado con balas por unos atacantes a bordo de una motocicleta mientras caminaba por la calle con su colega reportero Bob Flores.

A pesar de haber recibido un mensaje de texto que amenazaba lesionar a su familia, Flores está determinado a testificar sobre el asesinato. Ingresó al programa de protección a testigos del Gobierno una semana después de la muerte de Cuesta.

Flores y su familia viven ahora en una casa de seguridad que comparten con otros dos testigos de asesinatos relacionados con los medios. El programa prohíbe el uso de un teléfono celular que se pueda usar para rastrear su paradero. Flores dejó de trabajar como periodista. Está protegido por guardaespaldas pero se preocupa por la seguridad de sus hijos, que asisten a una escuela cercana. Dice que los 8,000 pesos (USD 160) que recibe mensualmente del programa difícilmente son suficientes para cubrir las necesidades de su familia.

"He sacrificado mi familia, mi trabajo, todo por la justicia"; dijo Flores al CPJ. Flores trabajó con Cuesta más de una década antes de su asesinato.

El CMFR destaca el papel crucial de la protección a testigos en el combate a los asesinatos en los medios. "Cuando comenzamos a participar en la persecución de casos, eso abrió un área totalmente nueva de inquietudes de defensa", dijo al CPJ Melinda Quintos de Jesus, directora ejecutiva del CMFR. "Esa gente realmente pierde la vida. No conocen y no volverán a conocer la vida que conocieron antes, una vez que se inscriben en un programa de protección a testigos".

En un informe separado, el CMFR explica que los testigos se preocupan acerca de la pérdida de sus trabajos, ser reubicados y sus finanzas diarias. Y los juicios por asesinato duran años. En algunos casos los testigos mueren sin prestar testimonio y los que sobreviven están agotados y desgastados.

El CMFR agrega que el sistema de justicia confía mucho, a veces exclusivamente, en la evidencia testimonial en lugar de en la evidencia forense, a consecuencia de un proceso inadecuado de reunir evidencia física por parte de los organismos policíacos.

Filipinas se ubicó en sexto lugar en el Índice de impunidad 2009 del CPJ, que clasifica a los países en los que los periodistas son asesinados en forma periódica y los gobiernos no resuelven los crímenes. Según el CPJ, al menos 24 asesinatos de periodistas filipinas han quedado sin resolver durante la última década.

"Under Oath, Under Amenaza" (Bajo juramento, bajo amenaza, en inglés)
Impunity and Witness Protection in the Philippines (Impunidad y protección a testigos en inglés)

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