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Periodistas de TV estatal despedidas siguen luchando contra censura

Dos mujeres periodistas que protestaban por la censura a medios en Uzbekistán terminaron su huelga de hambre la semana pasada debido a su mala salud, informan Índice de la Censura e informes noticiosos. Saodat Omonova y su colega, Malohat Eshonkulova, habían comenzado su huelga de hambre tras ser arrestadas y multadas por protestar en contra de la censura y corrupción en la televisión estatal de Uzbekistán. Su caso es emblemático del "atroz expediente de derechos humanos de Uzbekistán, que incluye la represión de la libertad de palabra", dice Human Rights Watch.

Omonova y Eshonkulova fueron arrestadas el 27 de junio, el día de los trabajadores de los medios en Uzbekistán, tras intentar iniciar su huelga de hambre frente al Palacio Presidencial en Tashkent. Fueron condenadas por llevar a cabo una protesta no autorizada y multadas con 2.94 millones de soms (US$1,500).

Eshonkulova declaró a Radio Europa Libre/Radio Liberty (RFE/RL) que decidió poner fin a su huelga de hambre tras 19 días, cuando comenzó a escupir sangre y no podía levantar la cabeza. Omonova terminó su huelga de hambre el 12 de julio tras ser hospitalizada por la fuerza, informa ÍNDICE.

Ambas mujeres estaban solicitando reunirse con el presidente Islam Karimov para hablar de la censura a medios en el canal de TV estatal Yoshlar (Juventud). Fueron despedidas de Yoshlar en diciembre pasado, tres días después de efectuar manifestaciones contra la censura a medios. Siguen en una batalla legal para apelar su despido inicial.

Eshonkulova dijo a RFE/RL que desde el 2 de mayo han enviado 56 cartas a Karimov en las que describen ejemplos de censura en Yoshlar y solicitan reunirse con él. Pero no han recibido respuesta.

Omonova reveló a RFE/RL que tras pasar varios años difundiendo propaganda del Estado como empleada de la televisión, "ahora tiene los ojos abiertos y ve cómo la gente ordinaria [en Uzbekistán] está sufriendo".

Según Reporteros sin Fronteras (RSF), despedir a periodistas es algo especialmente eficaz en un país en el que el Gobierno controla todos los medios "autorizados", lo que hace casi imposible que ellos encuentren otro trabajo en el periodismo.

"El tratamiento que Omonova y Eshonkulova recibieron está claramente diseñado para intimidar a otros periodistas de los medios estatales que podrían sentir la tentación de seguir su valeroso ejemplo", afirmó RSF.

Uzbekistán se clasifica en el lugar 163 de 178 países en el último Índice de libertad de prensa de RSF. En forma rutinaria, los periodistas independientes son "perseguidos, detenidos y juzgados por delitos de difamación espurios que llevan al prospecto de penas de cárcel y cuantiosas multas", y "los sitios web que contienen información sobre temas delicados o que critican al Gobierno son bloqueados en forma rutinaria dentro de Uzbekistán", dice Human Rights Watch.

Este mes, el Tribunal de Prensa en París desestimó una demanda interpuesta por la hija del presidente, Lola Karimova, contra el sitio de noticias francés Rue89 por un artículo publicado en mayo de 2010 que la llamaba la hija del "dictador Karimov", y afirmó que estaba "lavando la imagen de Uzbekistán con eventos caritativos, informa Human Rights Watch.

En otro caso, no se ha permitido a Abdumalik Boboyev, un corresponsal para la difusora estadounidense Voz de las Américas, que salga de Uzbekistán porque fue procesado el otoño pasado por cargos de difamación inventados, informa el Committee to Protect Journalists (Comité por la Protección de los Periodistas, CPJ).

Según RSF, al menos 11 empleados de los medios están actualmente detenidos en Uzbekistán en relación con su trabajo.

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