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Sacan a testigos extranjeros; reporteros y activistas locales atacados y secuestrados

Continúan feroces protestas en Yemen mientras miles de personas se enfrentan a las balas de las fuerzas de seguridad
Continúan feroces protestas en Yemen mientras miles de personas se enfrentan a las balas de las fuerzas de seguridad

Khaled Abdullah/Reuters

Las autoridades yemenitas han arrestado y deportado a al menos seis periodistas extranjeros tras la cobertura de ataques gubernamentales en los que murieron siete manifestantes en Sanaa durante el fin de semana. El Committee to Protect Journalists (Comité por la Protección de los Periodistas, CPJ), Reporteros sin Fronteras (RSF) y el International Press Institute (Instituto Internacional de Prensa, IPI) temen que las deportaciones estén preparando el escenario para una mayor represión de periodistas locales y más violencia en contra de los manifestantes. Mientras miles de personas siguen marchando en las calles para exigir que el presidente Ali Abdullah Saleh abandone el poder de inmediato, los francotiradores están disparando contra manifestantes desarmados mientras las fuerzas de seguridad están arrestando a manifestantes heridos en hospitales, informa Human Rights Watch.


El 14 de marzo, las fuerzas de seguridad allanaron un apartamento en Sanaa que compartían cuatro periodistas extranjeros (dos británicos y dos estadounidenses) que han vivido en Yemen durante años y estaban cubriendo la violencia contra los manifestantes. Los dos británicos son Oliver Holmes, quién trabaja para "The Wall Street Journal" y "Time", y Portia Walker, quién es corresponsal para "The Washington Post". Los estadounidenses son Haley Sweetland Edwards, quién escribe para "Los Angeles Times", y Joshua Maricich, un fotógrafo.


Su expulsión es un símbolo claro de que las medidas contra los manifestantes se intensificarán cuando no haya testigos, dijo Edwards.


El reportero estadounidense Patrick Symmes y el fotógrafo italiano marzo Di Lauro, cumpliendo una misión para "Outside", una revista estadounidense de viajes y turismo de aventura, también fueron deportados aunque declararon que no habían cubierto las manifestaciones. Habían llegado a Sanaa después de varios días de informar en la isla yemení de Socotra.


Mientras tanto, los partidarios del Gobierno siguen con la intimidación a periodistas locales, informan RSF, el CPJ, el IPI y la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y otros miembros de IFEX. El 12 de marzo unos 20 partidarios del Gobierno llegaron al Sindicato de Periodistas de Yemen (JYS), una organización afiliada al FIP en Sanaa, y amenazaron con incendiarlo.


Los periodistas yemeníes han sido acosados, golpeados, detenidos o secuestrados mientras cubrían enfrentamientos, según RSF. En febrero, las autoridades impidieron a los periodistas locales que trabajaban para Al-Yazira cubrir un sentón y les dijeron que abandonaran el país; y un camarógrafo local, que trabajaba para la estación de TV de oposición Sahil, fue golpeado. Abdel Salam Jaber, el redactor del periódico "Al-Qadiya", fue secuestrado por fuerzas de seguridad el 12 de marzo durante dos días.


La violencia ha escalado con pandillas armadas perpetrando ataques contra manifestantes opositores al Gobierno mientras los funcionarios alientan un entorno de impunidad. Los partidarios del Gobierno atacaron a los manifestantes con rocas, palos y botellas de vidrio en la ciudad de Ibb en el centro-sur del país el 6 de marzo, informaron testigos y periodistas locales a Human Rights Watch. Docenas resultaron heridos. El 3 de marzo, en al-Baida', una ciudad en el centro de Yemen, grandes grupos de hombres armados dispararon contra miles de manifestantes que exigían la renuncia del presidente Saleh y lesionaron a al menos cinco personas. Algunos líderes comunitarios dijeron que los funcionarios locales reclutaron a los atacantes.


En las semanas recientes, las fuerzas de seguridad balearon y mataron a al menos 10 manifestantes antigubernamentales en manifestaciones fundamentalmente pacíficas en la ciudad portuaria de Adén y en Sanaa, y lesionaron a más de 200 más, informa Human Rights Watch. El 4 de marzo el ejército yemení disparó contra miles de manifestantes pacíficos cerca de la ciudad de Harf Sufyan. En un ataque antes del amanecer el 12 de marzo cerca de la Universidad de Sanaa, las fuerzas de seguridad mataron a cuatro personas y lesionaron a cientos cuando abrieron fuego contra manifestantes con gas lacrimógeno y balas de goma, y luego con balas de verdad. El día anterior, el presidente Saleh prometió que las fuerzas de seguridad no usarían la violencia contra los manifestantes.


En un informe noticioso, "Days of Bloodshed in Aden" (Días de un baño de sangre en Adén), Human Rights Watch describe las unidades paramilitares, el ejército, un organismos de inteligencia famoso por sus infracciones a los derechos humanos y la policía destacados para controlar los manifestantes en febrero. Las fuerzas de seguridad usaron gas lacrimógeno y agua caliente para dispersar a las multitudes, dispararon balas de goma y municiones de verdad, persiguieron y dispararon contra manifestantes mientras huían de los ataques. Los francotiradores dispararon contra personas desde las azoteas vecinas a los sitios de las protestas.


El ejército impidió que los médicos y las ambulancias llegaran a los heridos y dispararon a la gente que intentó ayudar a las víctimas, sostiene el informe. (Se ha impedido a los periodistas entrar a hospitales, dicen los informes noticiosos.) 


Human Rights Watch registró además la desaparición forzosa de al menos ocho dirigentes de la oposición y activistas del sur en Adén. Algunos disidentes fueron arrestados en sus casas, mientras otros fueron sacados de los hospitales por agentes de seguridad enmascarados. Los activistas locales dicen que docenas de manifestantes están siendo detenidos.

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